lunes, 22 de mayo de 2017

Comunidades de la cuarta vía. Juan Masia.


El pasado domingo 21 de Mayo las CCP de Málaga, Antequera y la sierra sur de Sevilla, se reunieron en su encuentro mensual en Antequera recordando a Antonio Caballero y reflexionando sobre estos dos textos de Juan Masia, jesuita y profesor de bioética proféticamente interesantes para estos tiempos de cambio y esperanzas en lo nuevo que va surgiendo...


Comunidades de la cuarta vía:

10.06.06 Blog 21.

Alegoría de la carretera de montaña

Érase una carretera de montaña, estrecha, con muchas curvas; a la izquierda, el precipicio, y a la derecha, la montaña escarpada. Un grupo de peregrinos avanza por la carretera al atardecer.

Está oscureciendo y la marcha se hace peligrosa. Unos deciden apartarse a la derecha, trepar un poco por la falda del monte hasta un rellano, donde se pueda hacer noche. Lo hacen así y acampan. A la mañana siguiente, ya con luz del día, descubren que el lugar es más espacioso de lo que parecía a primera vista, les gusta el sitio y deciden quedarse un día más. Se encuentran a gusto y no les apetece seguir caminando. Construyen una empalizada protectora y siguen allí unos días. Acaban construyendo un pequeño castillo, en el que se instalan, y desisten de proseguir la peregrinación.

Otro grupo, más audaz, había preferido seguir caminando, a pesar de la oscuridad, por un atajo. Es un sendero peligroso, se corre el riesgo de caer al precipicio, pero tiene la ventaja de que se puede acortar distancia. Habían comenzado a recorrerlo, pero la oscuridad y la vegetación dificultaban la marcha. No podían seguir adelante. Felizmente tropezaron con una cueva en la que se refugiaron para pasar la noche. A la mañana siguiente, despiertan y… les gusta la cueva. Deciden quedarse un día más allí. Acaba sucediéndoles como a los del rellano en el monte. Estos no tienen sitio para edificar un castillo, pero sí pueden construir una vivienda suficiente para el grupo. Se instalan y desisten de la peregrinación.

Un tercer grupo eran los indecisos y timoratos. Se habían quedado toda la noche en el mirador de la curva. No se decidían a irse con los del monte, ni con los del atajo. Al amanecer, siguen sin decidirse a proseguir la peregrinación. Querrían llevar consigo a los del monte y a los del atajo. Van y vienen entre ambos a hablar con ellos para persuadirles. Gastan en ello sus energías y siguen sin avanzar.

Finalmente, había un cuarto grupo, poco numeroso.

Fueron los que decidieron seguir caminando, aunque se hiciera de noche. Se cogieron de la mano, para no perderse, ni caer al precipicio; siguieron avanzando los días y noches siguientes; no estaban seguros de lo que se iban a encontrar a la vuelta de cada curva. En una de ellas, junto a un mirador, hallaron a un grupo que les precedía. Eran diferentes, venían de otros lugares, vestían de otro modo, comían y hablaban de otra manera. Se unieron a ellos y se formó una única comitiva de ambos grupos. Mientras seguían caminando, se contaban sus historias respectivas y se animaban mutuamente. Les unía la meta, a la que nunca se acababa de llegar…

Interpretación de la alegoría:

Todas las comparaciones fallan por algún lado y las alegorías siempre tienen algo de forzado. Contando con esas limitaciones, aplicamos la alegoría de la carretera de montaña a las cuatro opciones en la peregrinación de la comunidad creyente. La primera opción, la de los que acabaron construyendo un castillo, representa la tentación de convertirse en institución y dejar de peregrinar.

La segunda opción, la de los que eligieron la senda del atajo,representa al grupo que se rebela contra la institución; pero, al convertirse en secta, acaba en un inmovilismo semejante al de la institución que criticaban, mitifican a su fundador y se hacen exclusivistas y fundamentalistas.

La tercera opción, la de los que se quedaron en el mirador de la carretera y desde el día siguiente emplearon todas sus fuerzas en ir y venir entre el monte y el atajo, tratando de persuadir a ambas partes, representan la llamada tercera vía, con pretexto de prudencia y conciliación, ponen buena cara a ambas partes, van y vienen con indecisión entre ambos lados, fingen ser de los dos para ver si, entretanto, reciben un cargo con poder, evitan la confrontación y acaban igualmente en el inmovilismo, olvidando la peregrinación.

Finalmente, la opción de los que se cogieron de las manos y prosiguieron avanzando en medio de la oscuridad, representa el espíritu de búsqueda de la que podríamos llamar “la cuarta vía”: siguen caminando, encuentran en el camino lo diferente, se dejan llevar por el viento del Espíritu, se dejan transformar por encuentros inesperados y, sobre todo, no abandonan la peregrinación.

Tres tentaciones en el Camino:


La Iglesia, a lo largo de dos mil años, ha oscilado entre la tentación de hacerse institución, la tentación de convertirse en secta y la tentación de quedarse en el inmovilismo del exceso de prudencia de la tercera vía. Una y otra vez el Espíritu suscita un nuevo Pentecostés de cuarta vía. Hoy también.

Pablo se defiende de quienes le acusan de sectario. Dice: “Venero a Dios, según el Camino que ellos llaman secta” (Hechos 24, 14). El Camino es el nombre con que se designa en los Hechos de los Apóstoles al movimiento iniciado por Jesús.

“Ellos” son los representantes de la religión oficial: son la institución, el régimen religioso establecido.

“Secta” es el nombre con que designan los de la institución oficial al grupo cristiano.

Pero la comunidad que hereda y prolonga el movimiento de Jesús no se identifica con la institución, ni se reduce a una secta. Tampoco es una “tercera vía” político-diplomática que intente un “arreglo de compromiso” entre la institución y la secta. Es lo que podríamos llamar una “cuarta vía”: por eso se califica como el “Camino”.

Aplicaciones prácticas de la “cuarta vía”:


Pongamos unos cuantos ejemplos, tomados de la crisis reciente en la iglesia de nuestro país. Veamos como reaccionan ante determinadas situaciones cada una de las cuatro vías ejemplificadas en la alegoría de la peregrinación.

1) Procesos de cambio:

Ante el proceso de renovación, tras el Concilio, la primera vía se encastilla en la marcha atrás y se opone a cualquier cambio. Un ejemplo: el documento de la Asamblea episcopal contra los teólogos, un texto que parece escrito en los peores momentos de la iglesia decimonónica. La segunda vía se rebela y se pasa al extremo opuesto fabricándose un ideal a su capricho, pero olvidando la meta de la peregrinación. La tercera vía insiste en que hay que ser prudentes. Dice “sí, pero no”, o “no, pero sí”, como muchos documentos eclesiásticos o como algunos superiores o religiosos cuando publican una nota de prensa oficial “descartándose de los de la cuarta vía”. Sonríen a los de la primera y la segunda vía, esperando ser aceptados por ambos y, bajo pretexto de “conciliar, sumar y no dividir”, adquieren cotas de poder; pero, entretanto, se olvida la meta de la peregrinación.

La cuarta vía persiste en su misión profética, apela a la conversión continua, recuerda la meta de la peregrinación, invita a cambiar, a hacer camino al andar y a perder todos los miedos: perder el miedo al pluralismo, el miedo a la mujer, el miedo a la sexualidad, el miedo a la responsabilidad laical y profesional, el miedo al cambio, etc.

2) Procesos de discernimiento:

Ante cuestiones éticas hasta ahora insospechadas (células madre, diagnósticos preimplantatorios, sedaciónes terminales…), la primera vía lanza condenaciones. Por ejemplo, las notas de la Conferencia episcopal española contra la ley de reproducción asistida. La segunda vía se encastilla en el sectarismo del extremo opuesto. Si la primera dice a todo que no, con semáforo rojo, por motivos pseudo-religiosos, la segunda vía da luz verde a cualquier cosa, con tal de que sea rentable electoralmente por motivos pseudo-políticos.

Los de la tercera vía no se mojan, hablan un lenguaje no comprometido, hacen el ridículo ante científicos y ante pensadores de la ética, pero reciben el “premio” de ser aprobados por instancias eclesiásticas que los recompensan con cotas de poder. La cuarta vía “se moja”, no pierde la libertad y, al precio de que no le den poder o la difamen, sigue diciendo que no se deben tratar política o religiosamente cuestiones que son científicas y éticas.

3) Procesos de encuentros interculturales:


La primera vía finge acoger a quienes son diferentes, pero les hace pagar el precio de una “pseudo-integración” que no respete su cultura, ya que se cree superior. La segunda vía, bajo pretexto de ayudar al inmigrante, coloniza y manipula igualmente de un modo paternalista, ya que, en el fondo, también se cree superior. La tercera vía habla mucho y hace poco, celebra reuniones, publica documentos o “pone parches” que solamente remedian lo inmediato, pero no se deja transformar por quienes son diferentes. La cuarta vía no dice “ellos o ellas todavía no son como nosotros”, sino dice “nosotros todavía no nos hemos encontrado con ellos y ellas, encontrémonos y dejémonos transformar mutuamente”.

4) Procesos de encuentros interreligiosos:


La primera vía tiene miedo de perder identidad cristiana, grita temerosa “que viene el coco”: el “coco” es el relativismo, el pluralismo, el panteísmo y otros “-ismos”, más o menos inventados para espantar. La segunda vía, sin raíces en lo propio y con una importación superficial de lo ajeno, quedándose solamente con lo “exótico” o lo “esotérico”, hace un cóctel explosivo e indigerible bajo pretexto de diálogo.

La cuarta vía, en vez de sentarse en una mesa redonda a dialogar,opta por encontrarse primero en el camino: unos peregrinos se encuentran con otros, reconocen que cada uno lleva distintas trayectorias, provienen de orígenes diversos, escuchan lo que tienen que contarse, las narraciones de quienes son diferentes, se dejan así transformar, no presumen de tener la identidad ya acabada, se la dejan deshacer y rehacer en cada encuentro.

5) Procesos de pacificación y reconciliación:

La primera vía se niega a dialogar, exige que la otra parte pida perdón primero, quiere que haya vencedores y vencidos y manipula a las víctimas a su favor. La segunda vía no teme acudir al chantaje e ignora las víctimas. La tercera vía se pasa de prudencia y no deja avanzar el proceso. La cuarta vía reconoce que el perdón es creatividad, que en una auténtica reconciliación no debe haber vencedores ni vencidos, que hay que caminar de cara al futuro, sin estar hipotecados por el pasado, que hay que arriesgarse a ceder, aun cuando se tenga razón y que hay que estar dispuesto a dialogar incluso con el mal para vencer al mal con el bien.

Conclusión:

Quien no comprenda lo que es un proceso y lo que es un camino no podrá entender las cinco aplicaciones anteriores, aunque lea y relea la alegoría. La diferencia entre la mentalidad estática y la dinámica es abismal. Tenemos que fomentar la creación de comunidades humanas de base que, ya desde un nivel humano y aconfesional, opten por la cuarta vía.

Esa fue la opción del movimiento que desencadenó Jesús de Nazaret. En el momento presente, la crisis de la iglesia en nuestro país se debe a que dos terceras partes de la jerarquía eclesiástica se halla instalada en la primera vía y el resto no pasa de una tercera vía indecisa y timorata. Hay que animar a las comunidades cristianas de base para que se fíen del Espíritu y opten por caminar hacia una iglesia alternativa de la “cuarta vía”, como Pablo y como Jesús.

Juan Masiá, jesuita y profesor de Bioética

Atrévete a pensar, decía Kant recomendando adultez. No es cosa fácil. Atreverse a creer, sin dejar de pensar y dejando la magia. Es cosa aún más difícil. Pero cuando agnósticos y creyentes se atreven a pensar dialogando juntos, caminan de la mano la parresía (libertad para decirlo todo: franqueza, valentía, libertad confiada) de la fe y la audacia del pensamiento.
Titulo este ensayo “El cuarto atrevimiento”. Describiré brevemente las cuatro audacias.
Primera audacia: nos atrevimos en los años 60, animados por el legado de Juan XXIII, a explorar nuevas rutas (aún no usábamos la palabra “paradigma”), pero nos curábamos en salud. Antes de cada reinterpretación teológica desestabilizadora, poníamos un prólogo que rezaba así: “Como ya dijo santo Tomás…”  Y con esa muletilla estábamos a salvo del ojo inquisidor. Era como cuando un papa dice lo contrario del anterior, pero empieza la frase insistiendo: “Como atinadamente dijo mi ilustre predecesor…” Es una ingenua intención de tender puentes a los fundamentalistas; pero esta gente, en vez de cruzar por ellos, los usan como trampolín para apedrear.
Segunda audacia: Vislumbrábamos, a comienzos de los setenta, que había que ir más lejos. Cambiamos el modo de dar la nota al coro: “Esto no lo dijo santo Tomás, ni lo dijo san Ignacio, pero lo dirían si vivieran hoy; digámoslo, por tanto, siguiendo su espíritu…”.
Tercera audacia: nuevos paradigmas de pensamiento. Era insuficiente la segunda audacia y vino la tercera, esta vez animados por Hans Küng a cambiar el paradigma. “Lo que os voy a decir no lo dijo santo Tomás, ni probablemente lo diría si viviera hoy; pero quienes vivimos en la situación actual tenemos que decirlo, hay que cambiar el paradigma”.
Cuarta audacia: por el camino de la praxis, en busca de un paradigma todavía no encontrado Se parece este cuarto atrevimiento al tercero, pero con tres matizaciones: 
1) no tenemos claro cien por cien lo que hay que decir, ni cómo expresar los nuevos paradigmas; 
2) tenemos más claro lo que hay que dejar decir, el abandono de la magia; 
3) y lo que cada vez está más claro es que tenemos, antes de decirlo, o al menos a la vez que lo balbuceamos, hacerlo y practicarlo "Lo específico de Jesús fue la ortopraxis” . Subrayando esa frase al final de la lectura, me acordaba del Buda ante el herido por una flecha. ”No aguardéis a averiguar quién es el herido o quién disparó o por qué. Lo urgente es curarlo”. 

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