El pasado viernes 17 de abril, las Comunidades Cristianas Populares de Granada (CCP), participamos en la manifestación convocada por la Plataforma Granada por la Paz, el desarme y contra el genocidio.
La manifestación discurrió desde el Triunfo hasta Plaza nueva, coreando diversas consignas. Allí se escenificó una representación y cada colectivo expresó su posicionamiento en el No a la Guerra.
Este fue el comunicado final y conjunto de los colectivos que participaron:
NO A LA GUERRA, NO EN NUESTRO NOMBRE
La rapiña de EE. UU.
por el control de recursos energéticos y minerales críticos se extiende también
a Venezuela, Ucrania o Groenlandia, mientras mantiene el bloqueo criminal
contra Cuba. Estas guerras arrastran a la OTAN y las bases militares en suelo europeo
están participando activamente. Una respuesta de Irán y la presión de EEUU
podrían desencadenar una implicación directa de la Alianza. Ahora mismo hay
buques de guerra desplegados en el Mediterráneo oriental.
Mientras tanto, EEUU y
la OTAN imponen un aumento del gasto militar hasta el 5 % del PIB. ¿Quién paga
este rearme? Las mayorías sociales, las clases populares. Recortarán sanidad,
educación, pensiones y dependencia para financiar la guerra. Quieren que
paguemos su militarismo con nuestros derechos. Pero también sufriremos otros
efectos de la guerra y del cierre del estrecho de Ormuz, como es el aumento de
precios y la escasez en bienes básicos y recursos energéticos.
Por todo ello,
denunciamos y exigimos:
1º.-
Las agresiones imperialistas contra Irán y Venezuela, así como el genocidio en
Palestina y las masacres en Líbano, son violaciones flagrantes de la Carta de
Naciones Unidas y del derecho internacional. Denunciamos la imposición de
estructuras unilaterales, como la Junta de Paz en Gaza, que pretende sustituir
el marco legal internacional. Denunciamos y condenamos la reciente aprobación
de la pena de muerte para la población palestina que es acusada de pertenecer a
la resistencia, una medida de exterminio que nos recuerda la Solución Final
aplicada por la Alemania nazi.
2º.
La guerra contra Irán pone en peligro los medios de vida de millones de
personas y puede extenderse aún más a toda la región si no se detiene la
escalada bélica. Denunciamos el devastador impacto ambiental que está
provocando: destrucción de infraestructuras vitales, incendios por bombardeos,
ataques a instalaciones petroleras y químicas que liberan enormes cantidades de
gases de efecto invernadero y sustancias tóxicas. Se contaminan suelos y
acuíferos, se destruyen ecosistemas y se compromete el acceso al agua y a la
salud de generaciones enteras. La guerra acelera la desertificación, arrasa
tierras agrícolas y agrava la crisis climática. Es también violencia contra el
planeta.
3º.
La amenaza nuclear vuelve a situarse sobre la humanidad. Desde el final de la
Guerra Fría (hace casi cuatro décadas) no se había jugado con la posibilidad de
una catástrofe irreversible. Un conflicto nuclear significaría millones de
muertes, colapso global, hambre masiva y destrucción ecológica a escala
planetaria. No hay defensa posible ante eso. No hay ganadores. Solo muerte. No
vamos a aceptar que se normalice esta amenaza.
Las
víctimas nos interpelan. No en nuestro nombre
Es
urgente la movilización de la ciudadanía para defender la paz, la vida y la
diplomacia frente a la ley del más fuerte. Como sociedades de países
integrantes de la OTAN, no somos ajenas a estas guerras: existe la
responsabilidad moral de no consentir, normalizar ni sostener políticas que
alimentan la destrucción, no podemos permitir que se utilicen nuestros
territorios para la guerra ni que se financie la destrucción con recortes
sociales. Nuestro bienestar, nuestros derechos y el futuro del planeta están en
juego. No se puede hablar de paz mientras se alimentan las guerras, mientras se
comercia o se envía armamento a los países involucrados, mientras se rearman y
preparan para la guerra.
Cientos de miles de cadáveres están sembrando suelos de países sometidos por el poder imperialista y sionista. Pero sobre el silencio roto por el llanto, esos pueblos nos miran y nos interpelan; y ya no podemos eludir nuestra responsabilidad moral. El propio pueblo norteamericano lo ha entendido y se está movilizando contra las políticas belicistas de su gobierno. Ese es el camino: la organización, la movilización y la resistencia. Reclamamos soluciones políticas reales basadas en el derecho internacional, el refuerzo de la mediación de organismos como la Organización de las Naciones Unidas y la reapertura de vías de negociación.
El
Gobierno de España también tiene que tomar medidas para un embargo integral de
armas y para romper relaciones diplomáticas con el Estado genocida de Israel, detener
el uso indirecto de las bases militares y el despliegue militar en el
Mediterráneo Oriental y Turquía. Exigimos la consulta a la ciudadanía sobre la
pertenencia a la OTAN y el cierre de las bases de Rota y Morón. Andalucía debe
ser tierra de paz, no plataforma de guerra ni destrucción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario más arriba, donde dice "Introduce tu comentario". Gracias.