En la Fuente de las Batallas, la Red Granadina por el Refugio y la Acogida y el colectivo ciudadano Círculo de Silencio recuerda a las personas que perdieron la vida en la llegada masiva a Ceuta y reclaman una respuesta a la crisis humanitaria que no sea únicamente policial y de control fronterizo.
La Red Granadina por el Refugio y la Acogida y el colectivo ciudadano Círculo de Silencio reclamó este viernes en Granada, durante una concentración para recordar a las personas que fallecieron en la llegada masiva a Ceuta, una solución que garantice los derechos y la dignidad de las personas.
La respuesta a esta emergencia no puede ser "únicamente policial y de control fronterizo"
La respuesta a esta emergencia no puede ser "únicamente policial y de control fronterizo". Porque como resalta el manifiesto de la RedGra leído por Inés Barrio, "no son cifras. Son vidas. Son personas. Y sus derechos no pueden ser ignorados".
Sin pasar por alto la "alteración" de la vida diaria en la ciudad autónoma, el manifiesto pone el énfasis en la necesidad de ofrecer una respuesta coordinada y basada en los derechos humanos. Durante la concentración también se conoció la experiencia de la atención que se estaba ofreciendo a estas personas, que siguen en situación precaria, sin alojamientos dignos y sin comida.
La principal preocupación es la "grave situación" de los menores. Alrededor de 1.800 niños, niñas y adolescentes se encuentran en la ciudad, muchos sin acceder al sistema de protección. "Nos preocupa especialmente la situación de las niñas que han sido víctimas de violencia sexual", advierte el manifiesto.
Los colectivos que organizaron el encuentro reclaman "una política migratoria europea que ponga la vida y los derechos humanos en el centro", con "vías legales y seguras para migrar", "una política de asilo garantista y una Cooperación internacional basada en derechos y no únicamente en el control fronterizo".
Reproducimos a continuación el manifiesto de la RedGra ante la crisis humanitaria: (Red Granadina por el Refugio y la Acogida)
No son cifras. Son vidas. Son personas. Y sus derechos no pueden ser ignorados.
La llegada masiva de personas a Ceuta durante los días 30 y 31 de julio desencadenó una emergencia humanitaria de enormes dimensiones. Más de 70.000 personas cruzaron la frontera en unas horas. La mayoría, jóvenes que huían de la falta de oportunidades, del desempleo, de la desigualdad y de la ausencia de horizontes. 82 perdieron la vida en el intento.
Detrás de cada cifra hay una historia, una familia, un proyecto de vida truncado.
No podemos ignorar tampoco la alteración en la vida diaria que este acontecimiento ha supuesto para la población de Ceuta. Solicitamos para ella soluciones por parte de la Administración para paliar estos inconvenientes.
Pero no podemos aceptar que la respuesta a esta emergencia sea únicamente policial y de control fronterizo. Cuando las personas llegan hay que garantizar sus derechos y su dignidad.
La capacidad de acogida de Ceuta quedó desbordada. A día de hoy la emergencia continúa. Miles de personas permanecen en condiciones precarias, sin alojamiento, sin comida, sin atención sanitaria.
Especialmente grave es la situación de los menores. Alrededor de 1.800 niños, niñas y adolescentes se encuentran en la ciudad, muchos sin acceder al sistema de protección. Nos preocupa especialmente la situación de las niñas que han sido víctimas de violencia sexual.
La RedGra reclama al Gobierno de España y a todas las administraciones implicadas una respuesta coordinada y basada en los derechos humanos: alojamiento digno, alimentación, asistencia sanitaria, atención psicológica, asesoramiento jurídico y procedimientos individualizados de identificación y protección. Rechazamos cualquier devolución que ponga en riesgo sus derechos o su integridad.
Esta crisis vuelve a demostrar el fracaso de una política migratoria basada en la contención. Las fronteras pueden cerrarse, pero no las causas que empujan a las personas a migrar. Tampoco podemos permitir que la cooperación con terceros países se convierta en una externalización de responsabilidades.
La RedGra denuncia cualquier intento de aprovechar esta situación para sembrar miedo, racismo, xenofobia o enfrentamiento social. La población de Ceuta no debe ser abandonada ante esta emergencia, pero tampoco las personas migrantes pueden ser convertidas en el chivo expiatorio de una crisis que tiene profundas raíces políticas y sociales.
Por todo ello, reclamamos una política migratoria europea que ponga la vida y los derechos humanos en el centro. Vías legales y seguras para migrar. Una política de asilo garantista y una Cooperación internacional basada en derechos y no únicamente en el control fronterizo.
No queremos más muertes en nuestras fronteras. No queremos personas durmiendo al raso. No queremos menores desprotegidos. No queremos discursos de odio. Queremos una Europa que esté a la altura de propios valores de los que presume. Ninguna frontera puede estar por encima de la dignidad humana.
CEUTA, LOS ESPEJOS ROTOS . Por Pablo Simón, desde Ceuta.
Llevo en Ceuta dos días y bajo a comprar por la mañana una botella de agua al quiosco que hay al comienzo de la calle. Vivimos en un piso alquilado en un barrio modesto de la ciudad. Me recibe una mujer mayor vestida con una camiseta con el lema “Ceuta no se vende, se defiende”, con los colores de la bandera de España. Mantiene una conversación con otro paisano cuyo contenido resumido es que Sánchez es un sinvergüenza que ha abandonado a Ceuta en manos de Marruecos. Compro mi botella de agua, abrumado por la densidad de un discurso que une la sensación de desamparo de gente modesta con un racismo larvado que aflora y me uno a mis compañeros para dirigirnos a uno de los puntos de la ciudad donde el abandono de la población migrante que cruzó la frontera hace unos días se vuelve una situación lacerante, insultante.
Cruzamos la ciudad en transporte público con la sensación de no vivir en esa “ciudad en guerra” que transmiten los medios de comunicación desde la península. En el centro y en la mayoría de los barrios la gente sale, compra, desayuna su café y sus tostadas en la terraza del bar y luego va a sus trabajos o a hacer sus gestiones. Circulamos por la carretera que lleva a la frontera del Tarajal, a cuyo lado discurre el paseo marítimo. Los ceutíes hacen su footing tranquilamente y los más mayores pasean mirando el mar en calma. A la luz de estas imágenes los noticiarios, las redes sociales españolas, europeas y estadounidenses se revelan como estercoleros donde se produce un fango que es principalmente un producto peninsular con clara intencionalidad política. Y no es que Ceuta no tenga problemas importantes, uno de ellos, pero no el único, el de la actual llegada masiva de población migrante que ha aumentado la crispación y la tensión en la ciudad, mi compra mañanera de un botella de agua me lo mostró, pero no sufre la devastación que dicen, como si estuviéramos en la Guerra de los Mundos.
Pero sí es verdad que esta imagen de normalidad se emborrona por la creciente presencia de policía nacional, local, guardia civil y militares que van llenando el paisaje conforme nos acercamos a la zona del Tarajal, a los pies del barrio del Príncipe. Persisten y sobreviven penosamente parte de las más de 10.000 personas que todavía permanecen refugiadas en el territorio de la ciudad. A ellos les acompañan las imágenes de los migrantes, mayoría varones magrebíes, que van llenando las aceras y los descampados donde improvisan mini chabolas para pernoctar. La aglomeración se hace marabunta en las puertas de uno de los campamentos, el Espacio Temporal de Acogida, Loma Colmenar.
Allí permanecen amontonados, incómodamente sentados, en una ancha columna, todos aquellos que quieren solicitar plaza en el centro. Los vigilan policías nacionales equipados con su material antidisturbios, les gritan, les increpan…, y la escena me trae a la memoria las fotos de los palestinos detenidos y en cuclillas en filas anchas como esta, mientras el Ministro Itamar Ben-Gvicr los increpa e insulta. La violencia es patente. Pasan en este momento las tanquetas de los regulares o de los legionarios, ufanos, musculosos, apuestos, desafiantes, exhibiendo los falos invertidos de sus fusiles de asalto Heckler. En su rostro se traducen las ganas de usarlos y de dar así una buena y justa lección a todos estos invasores harapientos. Sabemos que de vez en cuando, ellos y todos, liberan su adrenalina y su testosterona apalizando a quien se pone a su alcance. Por supuesto también lo hace sin complejo alguno la policía marroquí. Lo sabemos porque nos lo cuentan cuando curamos las cabezas abiertas y los brazos sangrantes, por los que se vacían también las proclamas democráticas que nos llena las boca a todos y a todas, Gobierno y oposición incluidas.
Llegamos por fin a lo que me recuerda el naufragio que viví en el Campo de Moria, en la Isla de Lesbos, en Grecia, en la crisis del Mediterráneo de 2015-2016. La gente ha construido pequeñas chabolas con cartones, palos o lo que pilla, y duerme donde y como puede. No hay agua, no hay luz, no hay servicios higiénicos, no hay Estado. Aquí el Estado solo llega en la forma de tanquetas militares y furgones de la policía nacional. Hay aquí mujeres, niños y niñas, algunos no acompañados y muchos jóvenes sobre todo magrebíes. Difícil saber cuánta gente hay aquí pero se estiman que pueden ser cerca de 1.000. En realidad, a día de hoy, nadie sabe en Ceuta cuántos migrantes cruzaron la frontera el 30 de Julio. Esta falta de datos es una buena foto de la lentitud, improvisación y descoordinación que ha caracterizado la acción de Gobierno en este tiempo.
No se entiende cómo se pueden acoger a más de 300.000 migrantes ucranianos en un tiempo récord y sea un problema ingobernable la situación de Ceuta, salvo que aceptemos el racismo que siempre late en las políticas fronterizas de la Unión Europea y que España asume. De hecho, da la impresión de que es más la presión mediática convertida en tormenta política la que acaba por movilizar al Gobierno, que el compromiso humanitario y con los derechos humanos. El tema de los menores que viajan solos sigue así empantanado mientras construyen a toda velocidad asentamientos para varones, los más numerosos y, por tanto, los más visibles para lo población y la prensa. Mientras, se ralentizan los recursos de acogida para los más vulnerables, las mujeres con o sin hijos, cuyos espacios ya están saturados y se ven obligadas a pernoctan a las puerta o en las calles, en situación de cal desprotección.
Llegamos por fin a donde aparcamos la unidad móvil y desplegamos nuestro tenderete con nuestros materiales. Pronto la cola es larga: infecciones respiratorias, gastrointestinales, cutáneas y muchas muchas curas de heridas infectadas, producidas durante la entrada o en los siniestros encuentros con las fuerzas de seguridad de uno y otro lado. Nos esperan a nosotros y a otra móvil de la Cruz Roja que suele coincidir con nosotras, como quien espera el salvavidas que lo mantendrá un día más a flote en medio del clamoroso naufragio. El gran espejo que utilizaba un muchacho para cortar el pelo con una maquinilla a sus compañeros -barbero improvisado montando su pequeño negocio en medio de la desolación- está roto. Me cuentan que ayer hubo incidentes y que la policía entró al barrio y en la refriega lo rompió. Eso es, ahora mismo, Ceuta: la ciudad de los espejos rotos.
Enlaces a otras acciones en Granada en la semana del 1 al 4 de Septiembre. Por los derechos humanos en la frontera de Ceuta:
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario más arriba, donde dice "Introduce tu comentario". Gracias.